jueves, 14 de agosto de 2008

Ómicron

A la costilla de Adán.

Ómicron - ο

Rebuscó en su inocencia alguna faceta que determinase el porqué de aquellas líneas. Aquella loca persecución se había convertido, como más de uno hubiese apostado, en algo más que una tarea circunstancial; por la contra, como si el objeto único de su vida fuese aquel deambular, poco a poco se acostumbró a caminar sin recordar apenas qué buscaba por el suelo, y por supuesto, sin sospechar tan siquiera que las tres carabelas seguían su viaje, y que tal vez algún día encontrarían la costa, dejando atrás el ancho mar.
No se trataba pues de una búsqueda metódica, sino más bien de un azaroso tantear; una contienda en la que a pesar de saberse impredecible la victoria, no costaba nada enviar más tropas a luchar, y a pesar de lo estéril de la tierra labrada, año tras año, los labriegos la volvían a sembrar.

La manzana, Adán y Eva;
¡Donde fueron a parar!

Se creía enamorado, pero, ¡Quién sabía la verdad!

Rey Escarabajo (And singing ¡lalala!)

Xi

Conjunto de textos, más o menos coherentes, que a pesar de no formar ningún todo, publico bajo el mismo título, pues los considero un mismo intento, y un mismo motivo.


Xi - ξ

Se revolvió en la cama, con los ojos entornados.
La noche, la luna, el aire. Todo tenía un matiz extraño.

El fuego revelaba mucho más que calor y miedo. Aquella noche, observó complacido el soplar de los vientos del norte, avivando las llamas, dándole vida a la selva bajo la noche. La danza sinuosa de la presciencia ocurría en presencia de lo salvaje, inquietando con suaves ritmos a las bestias en los bosques, y enfureciendo con su canto a las olas en los mares.

“El camino se abre paso en la maleza, trazado por los pasos que habían aplastado poco a poco las zarzas y los espinos. Caminante, la silueta inquiere con la mirada; dos puertas en sus dos extremos, y un puente para cruzarlas. Romper el cascarón, conocer a Abraxas.”

Leyó el fuego tranquilo.

* * *

Lentamente, hundió la hoja de la navaja sobre la palma de su mano. La sangre dibujaba sobre sus ojos mucho más que fuego; recreó paisajes de locura, escenarios eternos de tragedias griegas y de antiguos sonetos. Extraña lengua, que menguaba el entendimiento del poeta sobre sus más sinceros versos.

Cayó la primera gota en sus labios, y una segunda en los suyos.
Cruzaron un instante sus miradas, para luego dirigirse a lo más profundo; comprendieron que el mundo había cambiado, y frente a la noche en que se arroparon, se supieron nuevamente desnudos.

Entonces llegó el Pecado.


Rey Escarabajo (when summer´s gone)